Capítulo 4
18/09/2026
Confrontación en el bosque parte 1
La chica había sido siempre el hombre lobo —o mujer lobo, en este caso— y de un pisotón destruyó el ahuyentador que había caído al suelo, dejando a Mike con menos opciones, y casi paralizado por la revelación.
—Mierda, mierda, mierda. ¿Cómo no lo vi venir? —se lamentó en voz alta el muchacho.
Ahora la criatura iba directo por él, y con todo lo que le había dicho ya la había hecho enfadar lo suficiente. Debía huir.
“Tengo que pensar en algo”, se dijo.
La luz de la luna en el cielo despejado bañó el arroyo y todo a su alrededor. Val se irguió. Un espasmo desgarrador sacudió su cuerpo. Sus músculos se anudaron, tensos como cables. Un aullido, áspero y gutural, surgió de su garganta, pero no fue un sonido de miedo, sino de una rabia elemental. Su columna se arqueó, sus articulaciones crujieron con un sonido espantoso. La piel se tensó, se estiró y se alargó con cada centímetro que crecía, haciendo girones la ropa que llevaba minutos antes.

—¿Loca? —su voz salió distorsionada, un gruñido grave que no le pertenecía. La saliva goteaba de sus colmillos ya alargados—. Te haré tragar tus palabras.
Con un movimiento explosivo, levantó su nueva garra. Las uñas se habían vuelto negras y afiladas como dagas. Dio un paso amenazador.
—¿Creías que me dejarías aquí?
Su pecho se expandió con cada respiro ruidoso. Una risa seca y ronca, ajena a cualquier humanidad, llenó el aire.
—Qué estúpido. ¡Qué arrogante!
Inclinó su hocico, el pelo nuevo y áspero erizándose a lo largo de su cuello. Sus ojos ahora brillaban con una luz amarillenta y salvaje, fijados en Mike.
El muchacho miró la luna. “Ahora entiendo por qué su racionalidad estaba comprometida: son los sentidos del lobo”, pensó. “Eso explica su estado tan alterado. Le afecta…”

—Presa… —siseó Val, escupiendo las palabras—. En este bosque todos son mis presas.
Un gemido, casi un ladrido, acompañó sus palabras. Los oídos, ahora puntiagudos y sensibles, podían captar cada crujido del bosque.
—Será el peor día de tu vida, Michael Dymon. Te lo garantizo.
Val dio un paso hacia él, un movimiento fluido y depredador que hacía crujir las hojas secas bajo sus nuevas patas. Sus dientes chocaron, un clic audible en el silencio. El calor de su cuerpo transformado era una furia interna, su piel quemaba. Sus hermosos ojos verdes se habían transformado en los de una bestia.
—Me has hecho enfadar. Me has empujado a esto.
Ahora todo tenía sentido… La chica sola en el bosque. Su rigidez mental al aparecer la luna. ¿Que su novio se había ido? ¡Tal vez se lo había comido! Si es que existía uno para empezar…
Mike comenzó a ver todo con más claridad. Pero estaba acorralado, necesitaba huir. “Huir hacia el bosque sería en vano. Pero si al menos pudiera esquivarla y lanzarse al agua, tendría una oportunidad de escapar”, pensó. Pero Val se interponía entre él y su ruta de salida. “Debo distraerla de alguna manera, y pronto, mientras aún posee algo de cordura”, analizó.
El hocico de Val se contrajo amenazadoramente, revelando más sus afilados colmillos. La luz de la luna, ahora completamente despejada, acentuaba las nuevas texturas de su piel y el tupido pelaje negro y áspero que se erizaba sobre su cuerpo. Mike intentaba hablar, pero para ella solo parecían una serie de sonidos inarticulados que a sus oídos de depredador sonaban como el balbuceo de un niño asustado.
—¿Qué fue eso? —dijo Val, con una burla gutural que era más gruñido que risa.
La pregunta retumbó desde su pecho, una vibración profunda que hizo temblar la tierra bajo las almohadillas de sus patas. Dio otro paso, y luego otro, achicando el espacio entre ellos. El arroyo, antes una posible ruta de escape para Mike, ahora era simplemente el límite de su coto de caza.
—No te atrevas a hablar de cordura —siseó, las palabras parecían gotear veneno.

Los nuevos sonidos del bosque, cada crujido, cada susurro, amplificaban la presencia diminuta y ruidosa de Mike. Su mente, aunque más salvaje, era aún consciente de lo que había sido antes, y esa mezcla era una furia incandescente.
—¿Después de todo lo que has dicho? Eres muy listo, ¿no? ¿Todavía crees que nos conoces, Mike?
Su nariz se agitó, percibiendo el miedo en el aire. Era un olor dulce, adictivo.
—Ya no hay distracción. Ni escondite.
Sus garras se curvaron, la vista fija en Mike. El hambre no era solo una cosa física. Se mezclaba con la sed de venganza, de humillación.
—¿Pensabas que era débil?
La bestia de Val ladeó la cabeza, sus ojos reflejaban la luna. Cada movimiento era fluido, potente. El viento fresco sopló en su pelaje, dándole una energía aún mayor.
—Que tu “ayuda” ¿me había salvado? ¿De qué? ¿De mí misma? Qué chiste. Te has topado con algo que nunca debiste haber provocado… Este no es un sitio para youtubers, ni curiosos.
La punta de su nueva, larga y afilada garra tocó las rocas con un ruido metálico que quebró la quietud de la noche.
—¿Cómo fue que me llamaste? ¡Ah, sí! Un… un avestruz. ¿Recuerdas?
Tenía un punto. Al menos decía la verdad; eso era prueba de que todavía conservaba algo de su mente. No se enfrentaba a una bestia del todo, aún había algo de Val en su interior.
—Solo déjame saber algo antes de morir, Val. ¿Realmente tenías novio o todo era parte de tu actuación?
Mike la distrajo con la pregunta, mientras ella acortaba la distancia a pesadas y furiosas zancadas. El muchacho aprovechó el instante y buscó algo en sus bolsillos, intentaba encontrar a tientas el spray bear.
La garganta de Val vibró con un gruñido profundo, un sonido gutural que resonó en el aire frío de la noche. Se detuvo bruscamente, sus grandes patas delanteras se plantaron firmemente en la tierra, levantando una pequeña nube de polvo y hojas secas. La pregunta de Mike, teñida de un miedo obvio, penetró su mente licántropa con una claridad hiriente.
—¿“Novio»?
El sonido que emitió Val fue un bufido irónico, una exhalación pesada que hizo temblar las hojas de los arbustos cercanos. Sus ojos amarillentos y salvajes se estrecharon. La luz de la luna llena acentuaba la fiereza de su hocico.
—¡Es ridículo! ¿Qué más da si había uno o no?
Sus grandes colmillos relucieron cuando abrió la boca en un simulacro de sonrisa.
—Eres predecible. Pensaste que una distracción barata detendría esto.
Val ladeó su enorme cabeza.
—Solo juego con los idiotas que se acercan demasiado a este bosque. El último, lamentablemente, tuvo que descubrir mi secreto… igual que tú.
Volvió a dar otro paso pesado, acercándose aún más a Mike. El suelo crujió bajo sus garras.
—Ya no hay mentiras ni trucos baratos que puedan salvarte, pequeño Mike.
Un espasmo recorrió su cuerpo. La rabia pura, sin adulterar, la consumía. Alzó su garra para atacar…
En ese momento Mike la roció rápidamente con el spray bear, y se deslizó bajo sus piernas para lanzarse al arroyo.

—Pero no será hoy, lobo. Hoy no —dijo con sus últimas palabras antes de ser tragado por el agua.
Una nube picante y abrasadora explotó sobre la cara de Val. Un ardor insoportable invadió sus ojos, su hocico, cada poro de su piel transformada. El mundo de la luna se disolvió en una agonía cegadora. Su rugido quedó atrapado en su garganta mientras el chorro helado del arroyo salpicaba sus patas traseras. Sentía un dolor que le quemaba las entrañas. Se desplomó, soltando un gemido ronco, mitad bestia, mitad humana, que era pura desesperación. El spray le abrasaba los ojos, impidiéndole ver cualquier cosa que no fuera un remolino de luz roja y dolor.
—¡Mierda! —sollozó Val.
La palabra era un bramido ahogado por el sufrimiento. Val se revolcó en el suelo, arañando la tierra, golpeando el aire ciegamente. El olor acre y químico llenó sus fosas nasales, quemándolas hasta lo más profundo. Un dolor punzante le subió por la columna con cada nervio gritando.
—¿¡Qué has hecho!?
Se incorporó, sacudiendo la cabeza con furia. La tierra y el dolor le llenaban los ojos. El aire en sus pulmones era fuego. Sentía el arroyo atrás, donde Mike había usado el agua como escape.
—¡No huyas así de mí! ¡Miiiiikeeee!
Su voz era una mezcla de furia bestial y rencor humano. Se lanzó ciegamente hacia el sonido del agua, con los pasos torpes por la ceguera y el dolor. El frío del arroyo golpeó sus patas delanteras, y rasguñó a tientas la superficie del agua en vano. Pero Mike ya no estaba allí, había sido arrastrado lejos.
Tras enjuagarse el rostro con el agua del arroyo intentó olfatear el rastro de Mike, pero el spray había destruido su sentido, inundándolo todo con su quemazón. La frustración y la rabia la consumían.

—Te buscaré. Vas a pagar por esto… —prometió.
Sus garras rasgaron el aire vacío. El bosque oscuro parecía reírse de ella en ese momento.
El caudal del agua arrastró a Mike varias decenas de metros, se golpeó incontables veces con rocas y ramas hasta que logró sostenerse de una. Al otro lado del arroyo estaba el mismo oso con el que había luchado antes. El animal lo miró con un poco de resignación y respeto, y siguió su camino tras sacudirse.

“Qué extraño, pero no más extraño que una mujer lobo psicópata cazándome”, pensó. Él sabía que tenía que huir, como fuera debía aumentar la distancia si quería sobrevivir esa noche.
Por otro lado, Val despotricaba contra él. Se puso de pie a tientas. Sus sentidos, usualmente agudos, estaban completamente saturados por el irritante. Olfateó, un soplido sordo que arrastraba el olor acre del spray, incapaz de distinguir el rastro de Mike entre la confusión olfativa. Su cabeza giraba frenéticamente de un lado a otro.
—¡Pensaste que podrías usar tus trucos baratos y escapar!
Val echó la cabeza hacia atrás y aulló, un lamento lastimero que perforó la noche. No era un aullido de caza, sino de frustración y humillación.
—¡Te haré arrepentirte, Mike! ¡Te haré suplicar!
Se tambaleó hacia el bosque, su pesada pata delantera se deslizó peligrosamente. Sus garras excavaron en la tierra húmeda, buscando un agarre, intentando orientarse en su ceguera impuesta. De una forma u otra, iría tras el chico.
Mike corrió por entre el bosque buscando un refugio. “Si me mantengo alejado de la luna tal vez no pueda transformarse”, pensó.
—Espera, eso es. ¿Huir? No. Solo fue una retirada estratégica, aún tengo una oportunidad, solo debo pensar cómo llevarla a un lugar oculto de esa puta luna —razonó Mike en voz alta.
Val intentaba avanzar por medio del bosque, sin olfato y con un mínimo de visión.
—¡Rata cobarde! ¡Aún puedo escucharte!
Las almohadillas de sus patas se deslizaban sobre el musgo y las piedras mojadas. Se tambaleó, haciendo que su enorme cuerpo chocara contra el tronco de un abedul. Otro gemido de frustración y dolor escapó de sus fauces. Se detuvo un segundo para recobrar el aliento.
—Te enseñaré tu lugar en la cadena alimenticia…
El deseo de desmembrar a Mike era tan palpable que se imponía a su raciocinio. Sentía cómo su mente se nublaba por momentos. Pero su vista volvía. Poco a poco, solo era cosa de tiempo. Y Mike también lo sabía.
A poco más de un kilómetro de distancia el chico tramaba otro plan. Le iba a tender una trampa. Una nueva. “Haré que me siga. Que continúe creyendo que soy la presa, y así la llevaré a un claro…”, pensaba, mientras preparaba todo.

Val sintió un ruido metálico a lo lejos. Sabía que no podía haber sido hecho por ningún animal del bosque…
—¿Crees que puedes vencerme con trucos, Mike? Sé que estás planeando algo —bufó.
Giró bruscamente su cabeza en dirección al sonido. Sus grandes orejas podían captar perfectamente el crujido a lo lejos. La idea de que Mike intentara un nuevo engaño, de que todavía la considerara una simple presa, encendió una furia renovada en su interior.

Se lanzó en aquella dirección, sus pesadas patas golpearon el suelo con una fuerza que hizo temblar la tierra. El dolor del spray era una constante que no opacaba su ardiente sed de venganza. La luna era su amiga ahora.
