Capítulo 5
25/09/2026
Confrontación en el bosque parte 2
Val olisqueó el aire intentando forzar sus sentidos; fue en vano. Pero podía sentir que estaba cerca de la fuente de los ruidos. Su visión, ya más recuperada, le permitía distinguir figuras borrosas. Sombras que adoptaban formas reconocibles, como la del sujeto que había aparecido justo enfrente de ella.
—¡Estoy aquí! —gritó Mike.

Un gruñido rasposo estalló en la garganta de Val. La humillación que le había hecho pasar aquella criatura indefensa e inferior no la iba a olvidar tan fácilmente. El dolor, el escozor del spray y la burla de Mike chocaron con una fuerza brutal dentro de su mente licántropa. Se tambaleó, los ojos le escocían, pero un calor furioso la impulsaba.
—¡Te tengo! ¡Debiste huir cuando tuviste la oportunidad!
Golpeó el aire con una de sus grandes garras, rasgando lo invisible. El sonido de su ira retumbó entre los árboles.
—¿Crees que tus trucos te volverán a salvar? —siseó, escupiendo las palabras—. Tu aliento apesta a miedo, Mike.
Val aulló, un grito ensordecedor que perforó la noche.
—¡Ven y enfréntame! ¿No era eso lo que querías, encontrar a un hombre lobo? ¡Pues aquí estoy!

Mike se paró a una distancia prudente de Val y la llamó, provocándola. Sostenía una pala en la mano y se veía sucio y magullado. Ella lo vio vagamente por la picazón de sus ojos, y se lanzó contra él sin dudarlo, persiguiéndolo a través del bosque.
La furia animal de Val no se mitigó allí. Quería alcanzarlo. Necesitaba alcanzarlo. El aire, antes denso con el olor de los pinos y el arroyo, ahora se abría bajo la luz de la luna llena, revelando su figura monstruosa en toda su terrible gloria. Sus ojos enfocaron a duras penas a Mike a la distancia. Sus palabras vacías buscaban atraerla y resonaban como un tambor en sus oídos.
—¡Corres bien, Mike! Pero tus piernas son solo humanas…

La licántropa redujo la distancia con una velocidad vertiginosa. Val estiró la garra a través de la noche, a punto de alcanzar a Mike, hasta rozar su polera. Sin embargo, no logró asestarle el golpe. La silueta del joven había desaparecido súbitamente de su recorrido. La mujer lobo se detuvo en seco y miró hacia todas direcciones. Mike se había escondido a la carrera en una pequeña trinchera natural del bosque, y para cuando Val se dio cuenta, ya era demasiado tarde. El chico había activado una luz cegadora que volvió a entorpecer la vista de la mujer lobo.
Sin darle tiempo para reaccionar, lanzó una bomba de humo mezclada con fuertes especias y volvió a poner una distancia prudente entre ambos.

Val, enfurecida, se sacudió el polvo. No veía ni olía bien. Pero aún seguía escuchándolo. Así que como pudo, lo persiguió por un buen tramo del bosque intentando darle caza.
Mike estaba exhausto, su estamina era mucho menor que la de Val; podía darse cuenta. Y ya no le quedaban utensilios útiles; solo una pala. Sin embargo, había logrado sobrevivir lo suficiente y llevar a la licántropa hasta un claro del bosque.

Val se lanzó al claro. El césped se dobló bajo el peso de sus patas. No había duda en su ataque. Solo una determinación salvaje. Su hocico se estiró en un gruñido, revelando colmillos nacarados bajo la luna. El eco de la voz de Mike, sus promesas vacías, su petulante aire de superioridad y el recuerdo de sus palabras despectivas en el arroyo avivaron aún más su ira.
—¿Una pala? ¡Inútil! ¿Ya se te acabaron los trucos, patético humano? —bramó Val.
A pesar del escozor en sus ojos, su oído era agudo, detectando cada crujido de la hierba bajo los pies de Mike. Ella no iba a perderlo, no ahora que lo tenía al alcance. El claro era vasto, pero Val era más rápida y decidida. Dio grandes zancadas, el impacto de sus patas resonó con un eco pesado.
—¡Ya no hay puentes que destruir! ¡Ni arroyos que cruzar!
Su cabeza se movió de lado a lado.
—¡Aquí no hay dónde esconderse!
Se aceleró, sus músculos se tensaron. Podía percibir el miedo de Mike, un aroma sutil pero inconfundible, mezclado con la humedad del bosque. La venganza era una promesa que se acercaba con cada zancada.
—¡Estoy cansado, Val! Es cierto que me pasé con lo de “loca”, lo siento. ¡Pero ya me perseguiste por medio bosque! ¿Qué más quieres?

El chico dejó la pala en el suelo en señal de rendición. Pero por dentro sabía que ella no iba a parar tan fácilmente.
Val se detuvo en el borde del claro. Sus garras arañaban la tierra, dejando surcos en ella. Un bramido de desafío le brotó del pecho. La pala en el suelo, el aparente agotamiento de Mike… todo era transparente.
—¿Cansado?
Su voz era un gruñido ahogado, lleno de sarcasmo. Sus ojos irritados, apenas abiertos, se fijaron en la figura de Mike, cada fibra de su ser licántropo burbujeaba desprecio.
—¿Cansado de correr? ¡Yo estaba esperando este momento! —dijo relamiéndose los labios—. Quizás sea un buen momento para probar carne humana…
Dio una zancada amplia, el cuerpo tenso y listo para saltar. La luna llena iluminaba su silueta, proyectando una sombra alargada y temible.
—¡Me has humillado, me has insultado, me has cegado! ¡En mi propio bosque! ¿Y ahora pretendes que me rinda por una pala? ¡Qué estúpido! ¿Quieres que me detenga?
Su hocico se curvó en una burla feroz. Cada diente afilado relució.
—¡Nunca! ¡No ahora! ¡Estás en mi territorio, bajo mi luna! ¡¿Y crees que una patética rendición te salvará?! ¡No puedo dejar que tipos como tú vaguen por aquí a sus anchas!

Sus grandes patas golpearon el suelo con un sonido resonante. El claro vibró con la energía de su rabia.
—¡Te tengo justo donde te quiero, Mike! ¡No hay más trucos! ¡No más mentiras! ¡Solo tú y yo aquí!
—No me dejas opción entonces…
Val ladeó la cabeza, su hocico desprendía saliva. Un profundo gruñido retumbó en su pecho, ahogando casi la última amenaza de Mike. Los ojos enrojecidos y amarillentos se clavaron en la pala. Su labio superior se levantó, exponiendo los colmillos al claro lunar, goteando la saliva. El aire se hizo pesado por su ira contenida.
—¿Qué harás? ¿Usar la pala? —preguntó en un gruñido burlón.
Dio un paso lento y deliberado, tenía cada músculo tenso bajo el pelaje oscuro.
—¡Ingenuo! ¿Realmente crees que esa chatarra puede detenerme? ¿A mí?
Sus enormes garras se extendieron, raspando el suelo con un sonido escalofriante. Los músculos de su espalda se contrajeron, y un escalofrío de furia recorrió su cuerpo. La luz de la luna llena envolvía el claro, acentuando cada rasgo de su forma bestial. Su respiración se volvió pesada y ruidosa, un jadeo amenazante que llenaba el espacio.
—¡Ven, entonces! ¡Muéstrame lo que tienes!
Ella ladeó la cabeza, observando a Mike con una mezcla de ira y una extraña curiosidad.
—¡Vamos, patético humano! ¡Enséñame tu último truco! ¡No hay lugar para esconderte aquí!
—Oh, cariño, la pala no era para ti. Para ti tengo algo mejor.
Mike lanzó un encendedor prendido al piso, e inmediatamente un hilo de llamas se extendió alrededor del claro creando un círculo de fuego que comenzó a crepitar rápidamente, amenazando con extenderse al empezar a consumir la vegetación circundante.

—Estabas tan obsesionada conmigo que el efecto del gas pimienta y la bomba de humo te impidió oler la bencina que rocié por el lugar… Si es que conocías ese olor para empezar…
Val se detuvo en seco, sus grandes garras se anclaron en la tierra húmeda del claro. El fuego. No era la luz de la luna, ni el tenue resplandor de una antorcha. Era un círculo ardiente que comenzaba a arrasar la hierba, sus lenguas anaranjadas crepitaban y se alzaban. El olor. Un hedor acre, desconocido, que su hocico licántropo, todavía irritado y punzante por el spray, no había podido discernir antes: bencina.
—¿Bencina?
Su gruñido fue una pregunta hueca, cargada de una confusión que se mezclaba con la ira ardiente en su pecho. La quemazón en sus ojos pareció intensificarse con el fulgor anaranjado, pero su mirada se fijó en las llamas que crecían rápidamente. El calor, antes solo una metáfora de su furia, ahora era una realidad palpable que empezaba a rodearla. No había salida.
Se sacudió, un espasmo de incredulidad y miedo recorrió su enorme cuerpo.
—¡Eso es imposible! ¡¿De dónde sacaste todo eso?!
Alzó una garra, no para atacar, sino para golpear el aire, una expresión de desesperación impotente. Dio un paso hacia atrás mientras el borde del círculo de fuego avanzaba ominosamente. El crepitar se hacía más fuerte, el calor más intenso. Sus ojos, rojos por la irritación, intentaban discernir a Mike a través de la distorsión del aire caliente. La humillación se grababa a fuego en su mente.
Mike se encogió de hombros.
—Mi camioneta está cerca —respondió.
Val intentó olfatear de nuevo, pero el olor a humo era abrumador. Era una trampa. Una trampa cobarde.
—¡Tú eres el monstruo! ¡Invades y destruyes el bosque!
El calor del fuego comenzaba a sofocar. El círculo de llamas los tenía rodeados a ambos.

Mike se escabulló y apareció por detrás de Val, golpeándola con fuerza con la pala y haciéndola caer hacia adelante. Un alarido escapó del hocico de Val mientras el golpe seco de la pala resonaba en su cráneo. La fuerza la desequilibró, lanzándola sin gracia hacia adelante. Su cuerpo masivo se dobló a la mitad, cayendo de bruces en el claro. El impacto hizo temblar la tierra. Un gemido de rabia y dolor se atragantó en su garganta mientras su cara se estrellaba contra la tierra. El sabor a barro llenó su boca, mezclado con el regusto metálico de su propia sangre.

El fuego circundante crepitaba con una burla cruel. La quemazón del spray aún la cegaba a medias, pero el dolor del golpe era innegable, punzante, sobrecogedor. Una sensación de humillación, fría como el agua del arroyo, y a la vez, ardiente como las llamas, recorrió su ser bestial. Había sido engañada, golpeada y su hogar ahora estaba en peligro por culpa de las llamas.
Se retorció en el suelo, gruñendo. Los músculos de su cuello se tensaron, intentando levantar su pesada cabeza. La rabia, antes desatada y furiosa, ahora se mezclaba con una punzada de incredulidad y una creciente desesperación. Sus garras raspaban inútilmente la tierra.
—¡Puta rata, tramposa! —chilló Val.
La voz le salía distorsionada por el golpe y la boca llena de tierra. Se giró haciendo un esfuerzo pesado. El mundo giraba a su alrededor y el fuego danzaba burlándose de su impotencia.
—No voy a permitir que te salgas con la tuya…
Ella sacudió la cabeza, el dolor no era tan fuerte como la punzada de preocupación en su costado. La luna llena, la fuente de su poder, parecía mirarla con desilusión desde lo alto.
—¡Esto no es más que un rasguño, Mike! ¡Te sacaré de aquí como sea!
Sus ojos irritados parpadearon con una nueva determinación.
—¡Me tienes harta! ¡Harta de tus patéticos juegos! ¡De tu curiosidad humana! ¡¿Qué carajos crees que es el bosque?! ¡No entiendes nada!
Su voz se elevó en un rugido áspero. Un fino hilo de sangre caliente escurrió por su labio. Se puso de pie como pudo y atacó directo. Mike logró bloquear su golpe con el mango de la pala, pero la fuerza descomunal lo hizo caer. La garra de Val, en lo alto, amenazaba con descargar un segundo golpe. Sentado en el piso y sosteniendo la pala para bloquearla, Mike sentía como si fuera un niño que cedía lentamente ante la tremenda fuerza bruta de la bestia.
El segundo golpe cayó con fuerza sobre Mike, quien lo sostuvo con el mango de la pala. Ahora Val era quien presionaba. Su garra empujaba la pala acercándose cada vez más hacia el rostro del muchacho. Una risa triunfal y gutural escapó de la criatura. No era malevolencia, era desahogo. La punta filosa de su garra estaba a punto de arañar el rostro de Mike, quien se resistía con todas sus fuerzas dejando escapar leves quejidos ante su aplastante poder.

La luz de la luna llena acentuaba la furia en sus ojos irritados mientras su garra continuaba presionando la pala.
—¡Inútil! —dijo. Su voz era un gruñido bajo, triunfal—. ¡Te haré tragar tus propias palabras, rata escurridiza!
El rugido escapó de su hocico ensangrentado. Su cuerpo masivo se inclinó sobre Mike, ejerciendo una presión inmensa. Los músculos de sus patas traseras se tensaron, impulsándola con más fuerza hacia abajo. El crepitar del fuego circundante parecía acompañar su risa.
—¡No hay truco que te salve ahora! —bramó. Sus garras temblaban ligeramente con el esfuerzo—. ¡Vas a sentir cada gramo de lo que nos has hecho!
Mike estaba bloqueando su garra con todas sus fuerzas, pero fue cediendo hasta el punto en que la afilada punta comenzó a rozarle el rostro. En ese instante Val sintió cómo su poder repentinamente comenzó a abandonarla. El plan de Mike había surtido efecto, ya que finalmente el humo del pequeño incendio era ya lo bastante denso como para nublar el cielo y comenzar a tapar la luna.

La risa triunfal se desvaneció en un gemido gutural. La fuerza descomunal que había estado doblegando la pala y empujándola hacia el rostro de Mike, de repente, se disipó como una niebla. Val sintió cómo sus músculos, antes tensos como rocas, se aflojaban. Un escalofrío de confusión y debilidad la recorrió. Sus ojos parpadearon con desesperación mientras la garra, ahora vacilante, se apartaba de la pala. El golpe final no llegó, solo un rasguño superficial que se tiñó de sangre la mejilla de Mike.
—¡¿Qué… qué has hecho?! —exclamó consternada.
Su voz, que antes había sido un rugido potente, salió como un gorgoteo ahogado, una mezcla de dolor y una incredulidad furiosa. Miró hacia arriba, hacia el cielo. El claro, la luna. Todo se estaba volviendo un borrón difuso.
